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miércoles, 10 de mayo de 2017

As


                                        

Ella siempre llevaba una cinta de terciopelo atada al cuello de la que colgaba una campanilla que decoraba cada uno de sus movimientos.
La hacía más irreal.                                                                                                                                
Ella no se daba cuenta pero ese tintineo siempre la había acompañado, sólo que ahora ella también lo podía oír.
Cuando tenía miedo se llevaba la mano al cuello y el sonido parecía tranquilizarla.
Si reía, acompañaba su risa.
Le gustaban los detalles, parar el tiempo a su gusto.
Pero también le gustaba sentir cómo pasaba el tiempo. Esas mariposas desconocidas
Un coche antiguo.
Un café bien hecho.
Un paseo por un museo mientras fuera llueve.
Un te quiero cuando no te lo esperas.
Una carta escrita a mano.
Un fin de semana rodeada de árboles y un idioma extraño.

Sólo ella.

Esas eran las cosas que ella necesitaba.
Un día soñó tanto que no podía despertar.
Casi la ahogaban sus sueños.
Tuvo que dejar de soñar.
No sabía cómo se hacía, su campanilla dejó de sonar.
Y dejó de disfrutar de esas cosas que sólo a ella la hacían feliz.
Lo pasó tan mal que cuando soñaba lo hacía con los ojos abiertos.
A nadie parecía importarle su cuello desnudo.

Ni el café,
ni los viajes,
ni las cartas,
ni las velas.

Ella tampoco se dio cuenta hasta que llegó un día que quiso sonreír y no pudo.
Era incapaz.
Y quiso llorar y tampoco pudo.
Le pesaba tanto el alma que le inundaba del estómago hasta el corazón.

No volvió a soñar, se volvió transparente y su corazón se llenó de aire.

Con los ojos abiertos y el cuello desnudo.

Las personas que tenían la paciencia y el interés para descubrir sus ruinas se sentían fascinadas aún sin entender por qué.
Y entonces ella, asustada, huía, dejando por dónde pasaba una senda de personas que querían soñar pero sin saber cómo ni con qué soñar.

Personas más perdidas que ella.

Y que al escuchar su campanilla, sin saber por qué, recordarían aquella silenciosa chica.

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sábado, 9 de julio de 2016

Etérea

No podía hablar.
Tampoco tenía porqué hacerlo.
Miraba por la ventana, pero no veía lo que había tras el cristal. No sabía cuánto tiempo estaría así, y desconocía cuánto llevaba. Estaba rodeada de toda clase de objetos, regalos sin abrir, libros, ropa... Pero le inundaba una gran soledad y sólo veía aquello que no tenía.

Bajó a la calle a pasear sus sueños.

La calle estaba repleta, pero ella no veía a la gente que la llenaba.
Hacía frío y ella no lo sentía. Caminaba segura hacia un destino incierto y nadie podría jamás conocer sus pensamientos
Vivía en ellos, eran su hogar.
Podría mirar sin ver, andar sin rumbo aparente que ellos estarían ahí.
Junto a ella.

No la abandonarían.

Jamás.

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domingo, 15 de noviembre de 2015

Locura.

Querida Alicia:
Te escribo  desde el País  de las Maravillas.  Se te echa en falta.  Cada martes pienso en ti,  como llevo haciendo durante el último Siglo.  Extraño aquello que hacías cada minuto...  Ah,  sonreír.  Sé  que no me contestaras,  nunca lo has hecho, aún  así  yo te quiero, ¿qué me queda sino? Sin ti y tu olor a realidad... Recuerdo cuando llegaste por primera vez: no sabías  soñar.  Me pregunto si te habrás  olvidado o si sigues haciendolo.  Me encantaría  que me hubieras conocido,  haber  oído tu risa  y tu voz.  Para mi siempre fuiste  y serás  una ilusión  más  de las que me rodean pero la única  maravilla que he visto.  Aquella niña que hablaba con las flores mudas y reía  con los animales invisibles del bosque de edificios  al que llamaba hogar.  Aquella  niña,  que sin saberlo,  huyendo de la realidad,  se encontró de bruces con ella.
¿Qué  fue de esa niña,  Alicia?
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domingo, 19 de octubre de 2014

Frío.

Quiero que esta noche llueva.
Quiero dormirme esta noche escuchando como la lluvia golpea mi ventana, preguntándome si puede entrar, ignorando mis respuestas.
Quiero que me haga recordar. Recordar historias, historias que la tienen de banda sonora.
Una manta, un libro y un café. Y a poder ser, tú.
Pero tú sólo estás en la lluvia, en el olvido, en la nostalgia. En el frío. Tú sólo me acompañas cuando estoy sola. Quiero que esta noche llueva para estar contigo.
Hace mucho tiempo que no hablamos, maldito verano...
Para ser sincera, te echo de menos, me gustaría conocerte.



Quiero que esta noche llueva y volver a soñarte.

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miércoles, 9 de julio de 2014

Días.

Hay días buenos, malos, regulares, horribles, o increíbles. Lo que siempre hay, son días. El día de tu cumpleaños, el día en el que tienes un examen, el día que conociste a la persona que le da la vuelta a tu mundo, el día en el que tu grupo preferido da un concierto al que vas a ir. Cualquiera de ellos pueden ser, buenos, malos, regulares, horribles o increíbles, pero siguen siendo días. Hay días que son un poco de todo. Hay días en los que no sabes si estás bien o estás mal, simplemente estás. Hay días de sofá, manta, música y soledad, días de pensar, de descubrir, conocer y reconocer. Hay otros días, que son de calle, fiesta, amigos y risas, días de olvidarse de todo, vivir cada segundo, olvidar que un día tiene 24 horas y vivir 30.  Hay días que se necesitan, días que apetecen, días a los que tememos. Hay días para olvidar y otros para recordar.Todos tenemos días así. Lo difícil es saber que tipo de día tenemos. Y entre día y día, pasa la vida.
  
    
             
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lunes, 7 de julio de 2014

V de Venecia

 Con V de vacaciones. Venid a perderos entre mi laberinto de calles. Variedad de historias que vienen y van. Se pierden. Sueños vagabundos pasean, bajo el Rialto. Arriba y abajo. Venid a perderos en una confusión de máscaras. Vivos colores que suben y bajan, burlándose de los viajeros. Visitad desde la Basílica de San Marco, proyectadas en el suelo las vidrieras. Macabras sombras en el puente de los suspiros. Arlequines en las entrecalles practicando malabares imposibles. Recorred la isla en vaporetto. V de Venecia. Y V de volver.



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sábado, 5 de julio de 2014

Buenas noches.


A estas horas, la gente suele desear dulces sueños a las personas a las que aprecian. Os quiero desear buenas noches. Buenas noches para pensar, para olvidar, incluso, puede que buenas noches para conocer. La noche viene acompañada de todo lo que no hemos hecho durante el día, dormir, descansar, soñar y pensar.. Por la noche, pensamos, pensamos acerca de lo que hemos hecho durante el día, de lo que haremos al día siguiente, o de lo que nos gustaría hacer...
Por la noche decidimos, o al menos, tomamos decisiones. Antes de dormir, viajamos, al futuro o al pasado, pero nunca nos quedamos en el presente. La noche está para soñar, y eso es lo que hacemos, ya sean pesadillas o sueños agradables, estemos dormidos o despiertos, soñamos. Este texto es un sueño, un intento de expresar un sueño y es que mi sueño es escribir. Buenas noches.
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